viernes, 31 de diciembre de 2010

La Escuela de Traductores de Toledo (1/2)

Es difícil encontrar ejemplos de pensamiento multidimensional a lo largo de la historia, pero cuando se encuentra uno merece la pena mostrarlo para ver que la especie humana tiene capacidad para abrir la mente a ideas nuevas. Y es que cuando un gobernante es verdaderamente culto a éste no le importa el origen de dicho conocimiento, ya sea musulmán, judío o cristiano. Éste parecería ser el pensamiento que dió origen a una de las grandes corrientes de difusión de la cultura durante la edad media: La Escuela de Traductores de Toledo.


Contrariamente a lo que mucha gente piensa, una escuela en el sentido clásico de la palabra no corresponde con un lugar físico de estudio, sino con una corriente cultural que se regía por los mismos patrones y reglas de difusión. En este sentido, y hasta el reinado de Alfonso X el Sabio, la Escuela de Traductores siguió este patrón: El de un grupo de intelectuales que, protegidos por mecenas, difundían la cultura de una forma informal sin apenas injerencias gubernamentales directas.


En 1085 el Reino de Taifa de Toledo cayó en manos de las fuerzas cristianas de la mano de Alfonso VI, y terminaban más de 350 años de dominación musulmana. Como la cultura islámica de Al-Andalus había servido de puente para unir las culturas oriental y occidental, el rey cristiano encontró numerosas bibliotecas que contenían tomos que habían sido copiados y/o tomados de otros estados alejados de la geografía española, como la India, Bizancio, Asia Menor..., así como un agrupamiento de intelectuales y conocedores de las lenguas árabe, griega, hebrea, latina y castellana que habían trabajado con esos libros. La tolerancia y protección de Alfonso VI hacia estos últimos y el apoyo y empuje de mecenas locales como el Arzobispo don Raimundo Jiménez de Rada permitió un primer movimiento en el que se impulsó la traducción de grandes clásicos de filosofía y religión al latín clásico para su difusión a través de lasuniversidades y las cortes europeas.

Pero el impulso final de la Escuela de Traductores le correspondería a Alfonso X el Sabio, que la institucionalizó, impulsó de forma definitiva la utilización del castellano como idioma básico en las traducciones de las obras que llegaban a Toledo, fomentó el debate intelectual y, no sólo la traducción de volúmenes de conocimiento, sino la creación de nuevos tratados y la difusión de una cultura propia. Así, a la sombra de la Escuela, vieron la luz obras astronómicas como El Libro de las Tablas Alfonsíes, jurídicas como el Fuero Real o el Código de las Siete Partidas o históricos como la Estoria de España o la Grande e General Estoria, intentos muy ambiciosos de recopilación histórica del momento.

Firmado: Bobby

Fuente: En la Tercera Dimensión


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