Las traducciones juradas son documentos públicos, y como tales deben presentarse en una calidad que permita el uso frecuente de las mismas como si fueran escrituras públicas.
También deben presentarse en un papel que no sea traslúcido y que no absorba la tinta de los sellos del intérprete jurado.
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Una alternativa al papel común es el uso de papel timbrado, pero éste tiene un coste elevado, ya que como mínimo está provisto de pólizas impresas de 5 céntimos de euro. Tiene la ventaja adicional de que lleva numeración continua, lo que impide cualquier intento de falsificación o sustitución de texto, pero ello hace también necesario que la certificación del intérprete jurado indique exactamente la numeración de los folios utilizados para expedir la traducción.
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La presentación más sencilla es la de la grapa cubierta con un clip de aluminio que permite doblar la esquina del documento (siempre que sea de pocas páginas) o el uso de remaches metálicos especiales para documentos que unen las hojas sin que éstas puedan ser separadas sin romperlas, pero es un sistema bastante costoso por tener que disponer de un aparato especial, al igual que ocurre con la encuadernación con anillas.
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